Un mercado tan real como fantástico (y en auge)

Con la impronta de tradiciones históricas como la narración oral e incluso el radioteatro, fusionadas con las últimas herramientas tecnológicas disponibles, el audiolibro irrumpió para revolucionar la industria editorial en todo el mundo. Los efectos globales de una inesperada pandemia contribuyeron a potenciar su auge, en un marco en el que todos los hábitos se transforman con velocidad inusitada. El audiolibro, la lectura que se escucha, llegó para quedarse y abre un universo de posibilidades literarias desde el teléfono celular.

A diferencia del libro electrónico, que años atrás amagó con desbancar al libro impreso pero se quedó en el camino, el audiolibro aparece como un aliado de las obras en papel. No compite con ellas, sino que invita a sumergirse en la literatura a quienes no están tan habituados a la lectura o tienen poco tiempo para dedicarle en el día a día. Así lo demuestran las estadísticas: en la pasada edición de la Feria del Libro de Frankfurt se difundió un estudio según el cual el 50 por ciento de los usuarios de audiolibros no había leído ni un libro impreso en el último año.

Las cifras del impacto en la literatura sonora de esta época en que el virus Covid-19 trastocó las rutinas se conocerán de aquí a un tiempo. Pero el fenómeno ya estaba en curso. Según la Asociación de Editores de Audio (Audio Publishers Association, APA), uno de cada dos estadounidenses mayor de 12 años ya escuchó al menos un audiolibro. Esto se ubica seis puntos por encima que en las estadísticas de 2018.

Ante este panorama, la proyección de los expertos es que el audiolibro llegue a representar en los próximos años entre el 10 y el 15 por ciento de la facturación total del mercado editorial, que hoy es de algo más de 32 mil millones de dólares anuales en el mundo.

Un mercado editorial que, además, está atravesado por la crisis del formato en papel (otro fenómeno potenciado por la pandemia, ante el cierre temporario de muchos puntos de venta físicos). Tanto en la mayoría de los países europeos como en Estados Unidos, el negocio del libro impreso crece en ingresos pero no en número de unidades. Es decir que la suba deriva del aumento en los precios de venta al público, no de un incremento en el número de lectores. Por el contrario, el audiolibro viene a incorporar nuevos: a convertir a usuarios tecnológicos en ávidos consumidores de literatura. Y sin dejar afuera a nadie mediante montos inaccesibles.

Así lo definió en diálogo con la prensa el especialista Javier Celaya, director de la consultora editorial española Dosdoce.com:

“Denigrar la lectura en pantallas o la escucha de audiolibros es contraproducente para el mundo del libro, dado que estos formatos pueden ayudar al sector a recuperar lectores o hasta crear nuevas audiencias. Lo importante es leer, independientemente del formato”.

Lectores y mucho más

El usuario/lector es sólo una pieza de un inmenso engranaje que se pone en marcha en torno a los audiolibros. Desde programadores y diseñadores abocados a darles forma para su circulación y escucha a través de los móviles, hasta actores y actrices que le ponen voz a aventuras escritas. Tanto a las piezas clásicas como a las especialmente creadas para ser leídas, tal el abanico de opciones que se abre ante la posibilidad de que la literatura entre por los oídos, en cualquier parte y en todo momento.

Porque allí donde el libro impreso se deja de lado por falta de tiempo, el audiolibro aparece como un recurso para ser aprovechado y disfrutado mientras se realizan tareas hogareñas, se hace actividad física o se camina o viaja hacia el trabajo, la universidad o la escuela. De hecho, el 52 por ciento de las escuchas se realizan in itinere: en el transporte público o en el auto.

Según las tendencias conocidas hasta ahora, casi la mitad de los consumidores de audiolibros –el 48 por ciento- son menores de 35 años. En Europa y Estados Unidos lo que más se escucha es ficción, mientras que en América Latina optan por los ensayos –al ritmo que se impone la lógica de los podcast en el ámbito periodístico-.

Como dijo Celaya al analizar el fenómeno, el auge del audiolibro y la crisis del papel no implican que se esté dejando de leer:

Todo lo contrario: nunca se ha leído tanto en comparación con otras décadas. Los lectores digitales son muy buenos lectores.

EL 50% DE LOS USUARIOS DE AUDIOLIBROS NO LEYÓ NI UN LIBRO IMPRESO EN EL ÚLTIMO AÑO. EL 48% TIENE MENOS DE 35 AÑOS Y EL 52% DE LAS ESCUCHAS SE REALIZA EN EL TRANSPORTE PÚBLICO O EN EL COCHE.