Compartir un Hoot!, tender un puente

Más allá de los cambios y transformaciones de estos tiempos en materia de crianza, hay algunas premisas que permanecen indiscutibles. Entre ellas, la importancia del tiempo de juego compartido entre padres e hijos, o el rol clave de estimular el vínculo con la literatura y el desarrollo de la imaginación desde la primera etapa de la vida. La irrupción tecnológica en la infancia da lugar a mayores debates, pero su llegada definitiva a los hogares plantea un escenario sin vuelta atrás. Para padres, educadores y psicólogos, el desafío es lograr que los nuevos dispositivos se integren con aquellas premisas que están fuera de duda en todo proceso de crianza. Tal como sucede al poner en marcha el engranaje para compartir un Hoot!

Un proceso que comienza con una idea: “¿Y si grabamos un cuento?”. Las ganas bastan para encender el mecanismo. A partir de entonces, hay mucho por hacer: pensar quiénes le pondrán voz a la historia –y con qué entonaciones-, imaginar y probar qué efectos sonoros y musicales quedarán mejor, ensayar una y otra vez antes de lograr el resultado deseado.

Después, llega lo mejor. Dar comienzo a la grabación, ponerse en la piel de los personajes, compartir un momento familiar cargado de imaginación, literatura y creatividad. Una actividad que obliga a la participación real y activa tanto de los niños como de los adultos para garantizar el éxito. Un proceso que constituye un plan en sí mismo, ideal para un domingo en familia en casa o una tarde lluviosa.

Claro que en todo esto hay otra instancia súper especial. La que tiene que ver con pensar a quién va dirigido el cuento. Si se enviará como obsequio de cumpleaños o por otro motivo de celebración. O si simplemente será un regalo para causar sorpresa a un ser querido que vive lejos, que no está en casa o que está a punto de partir de viaje y que podrá así llevarse consigo las voces e historias de su familia en el equipaje.

Los efectos más gratos y sorpresivos se logran al compartir un Hoot! por primera vez, con alguien que desconocía la iniciativa. El impacto es imborrable: recibir un archivo y, al activarlo, oír voces familiares inmersas en un mundo mágico. Pero el efecto no se agota allí. Porque recibir un cuento personalizado genera una alta dosis de ansiedad por oír otro, y otro más.

La rueda que empieza a girar puede recorrer largos caminos, desde las historias recordando aquel primer Hoot! compartido y sus efectos, hasta las ganas de responder compartiendo otro Hoot! y comenzando a armar una biblioteca entera de cuentos contados con las voces de los seres queridos. Todo un tesoro.

La tecnología como un mimo a los abuelos

En todos los casos, compartir un Hoot! garantiza momentos especiales. Pero hay algunos que se vuelven particularmente emocionantes. Son los que involucran a los mayores de la familia. Los que sorprenden a quien no está tan habituado con las nuevas tecnologías, y se maravillan ante el abanico de posibilidades que éstas abren.

La importancia de involucrar a los abuelos en estas actividades es vital. Y se convirtió casi en una obligación desde que el coronavirus devino en pandemia. De hecho, la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) se pronunció sobre el tema: “Quiero transmitir un mensaje a los más jóvenes, mantener a sus abuelos seguros significa que no los pueden visitar en persona, pero llámenlos, háblenles cada día para que no se sientan solos. La distancia física no tiene que significar el aislamiento social”, expresó a modo de pedido el jefe de la Oficina de la OMS para Europa, Hans Klunge.

El médico y responsable por la OMS en más de medio centenar de países remarcó que las familias deben ayudar a las personas mayores a entender adecuadamente las informaciones sobre el coronavirus, pero también advirtió sobre la necesidad de mantener el vínculo diario para que se sientan acompañados. En otras palabras, para hacerlos sonreír en pleno encierro.

El llamado diario, la videollamada convertida en hábito, la ayuda constante para acercar a los abuelos a dispositivos tecnológicos que muchas veces les resultan temibles, se pueden complementar con la alegría de compartir un Hoot!

 

Los efectos más gratos y sorpresivos se logran al compartir un Hoot! por primera vez, con alguien que desconocía la iniciativa. El impacto es imborrable: recibir un archivo y, al activarlo, oír voces familiares inmersas en un mundo mágico.